Cuando la tierra se mueve

Hay momentos en los que la creación misma nos recuerda que no tenemos el control.

Durante días pasados, muchas personas han experimentado cómo aquello que parecía firme puede dejar de serlo por unos instantes. La tierra se mueve y, de repente, nuestra rutina, nuestros planes y nuestra sensación de seguridad parecen cambiar.

No necesitamos describir la magnitud de lo ocurrido para comprender el mensaje que estos acontecimientos despiertan en nosotros: vivimos en una creación que no es autónoma frente a Dios.

El apóstol Pablo lo expresa de manera extraordinaria:

“Él existía antes que todas las cosas y mantiene unida toda la creación.” Colosenses 1:17, NTV

La creación tiene un origen y también tiene un sustentador. Dios no creó el mundo para luego desentenderse de él. Nuestra doctrina lo afirma con claridad:

“Creemos que hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto, Creador, Preservador y Gobernador de todas las cosas, y que es a Él solo a quien se debe rendir culto religioso.” Doctrina N.º 2, Ejército de Salvación

  • Dios es Creador, porque todo procede de Él.
  • Es Preservador, porque sostiene su creación.
  • Y es Gobernador, porque continúa siendo soberano sobre aquello que nosotros no podemos controlar.

Por eso podemos decir: Cuando la tierra permanece quieta, cuando la tierra se mueve, cuando comprendemos lo que sucede, y cuando no encontramos respuestas, siempre: ¡Dios sigue siendo Dios!.

El Salmo 114 nos presenta una imagen poderosa. Cuando Israel salió de Egipto, el mar huyó, el Jordán retrocedió y las montañas temblaron. El salmista pregunta: “¿Qué te pasó, mar Rojo, que huiste? ¿Por qué, Jordán, te diste la vuelta?” Y luego responde:

“¡Tiembla, oh tierra, ante la presencia del Señor, ante la presencia del Dios de Jacob!” Salmo 114:7, NTV

La creación responde ante la presencia de Dios. Esto no significa que cada terremoto, enfermedad o tragedia sea un castigo enviado directamente por Dios. Jesús mismo rechazó explicaciones simplistas sobre el sufrimiento. Tampoco significa que debamos vivir con miedo cada vez que la creación nos recuerda nuestra fragilidad. Significa algo más profundo: nuestra seguridad definitiva nunca estuvo en la estabilidad de las circunstancias, sino en Dios.

Hay muchas cosas que creemos controlar porque forman parte de nuestra rutina. Nos levantamos, trabajamos, hacemos planes, cuidamos a nuestras familias, construimos, viajamos y pensamos en el futuro. Y mientras todo permanece en su lugar, podemos confundir estabilidad con seguridad.

Hasta que algo se mueve. Entonces descubrimos que nuestra sensación de control era solamente eso: una sensación. Por eso las palabras de Jesús adquieren un significado especial:

“Cualquiera que escucha mis enseñanzas y las sigue es sabio, como una persona que construye una casa sobre una roca sólida.” Mateo 7:24

Jesús no prometió que nunca llegarían las tormentas. Prometió que existe un fundamento capaz de permanecer cuando llegue la tormenta.

Nuestra esperanza no depende de que todo permanezca quieto. Nuestra esperanza tiene un fundamento más profundo: Jesucristo, la Roca que permanece.

Para meditar

¿Qué cosas has considerado seguras en tu vida simplemente porque durante mucho tiempo permanecieron estables?

Hoy, preséntalas delante de Dios. Agradécele por todo lo que tienes, pero también entrégale aquello que no puedes controlar. No podemos decidir cuánto se moverá la tierra, ni podemos controlar todas las circunstancias de nuestra vida. Pero sí podemos decidir dónde colocar nuestra confianza.

Oración

Señor, cuando aquello que parecía firme comienza a moverse, recuérdame que Tú permaneces. Cuando no tenga respuestas, ayúdame a confiar. Cuando mis planes cambien, enséñame a descansar en Ti.

Gracias porque eres nuestro Creador, Preservador y Gobernador. Gracias porque, aun cuando no comprendemos todo lo que sucede, podemos descansar en tu presencia.

Hoy entrego en tus manos aquello que no puedo controlar y vuelvo a poner mi vida sobre la Roca que permanece. Jesucristo, sé Tú mi fundamento, mi refugio y mi esperanza. Amén.

Dios te bendiga,

Coronela Evangelina Costen de Fernandez

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