MISIÓN

Desde el Cuartel Territorial, Costa Rica, agosto de 2026.

Queridos Salvacionistas:

Reciban nuestro saludo con mucho cariño y gratitud en el Señor.

Al llegar nuevamente al mes de agosto, queremos considerar y reflexionar sobre la palabra: MISIÓN.

Esta palabra debería movilizarnos hacia algo mucho más profundo que una agenda de trabajo. La misión nace en el corazón de una persona que ha sido alcanzada por Cristo y desea que otros también conozcan Su amor.

Antes de enviar a alguien, Dios transforma su corazón, porque antes de poner una tarea en nuestras manos, quiere trabajar en nuestra vida y, al utilizarnos para alcanzar a otros, nos invita a permanecer cerca de Él.

La experiencia del profeta Isaías nos ayuda a comprenderlo. En el templo, Isaías tuvo una visión de la grandeza y santidad de Dios. Aquello produjo en él una profunda conciencia de su propia necesidad. Pero Dios no lo dejó allí. Le mostró Su gracia, lo restauró y entonces Isaías estuvo preparado para responder al llamado.

«Entonces oí al Señor que preguntaba: “¿A quién enviaré como mensajero de este pueblo? ¿Quién irá por nosotros?”. Yo dije: “¡Aquí estoy! Envíame a mí”». Isaías 6:8, NTV

Hay un orden hermoso en esta historia: Isaías vio a Dios, recibió gracia y respondió con disponibilidad.

Cuando la misión se convierte en rutina

Uno de los desafíos de quienes llevamos tiempo sirviendo es que podemos llegar a acostumbrarnos a las cosas de Dios.

Las reuniones, las actividades, las visitas, los programas, el servicio comunitario y las responsabilidades ministeriales forman parte diaria de nuestra vida. Y aunque todas ellas son importantes, existe el peligro de hacerlas simplemente porque siempre las hemos hecho.

Entonces, podemos mantener la actividad y perder la pasión. Podemos conservar la estructura y olvidar el propósito. Podemos estar ocupados haciendo cosas para Dios sin detenernos a disfrutar de Dios. Nuestro pedido es que necesitamos volver constantemente a Cristo para romper paradigmas.

Nuestra misión no consiste simplemente en mantener funcionando nuestras actividades. Consiste en llevar a las personas hacia Jesús.

Nuestro Enunciado de Misión continúa expresando con claridad ese propósito: glorificar a Dios mediante la predicación del evangelio, llevar a las personas a una relación íntima con Jesucristo y discipularlas para que asuman un compromiso con Dios.

Todo lo que hacemos encuentra sentido cuando conduce hacia ese propósito.

Una misión que nace desde la entrega

El Cancionero del Ejército de Salvación guarda canciones que han acompañado a generaciones enteras de salvacionistas. Entre ellas encontramos el coro #652 cantado hace unos días por el Comandante Divisional de Panamá, Mayor Clifford Scott: “Yo quiero ser soldado de la cruz”, un canto sencillo, pero profundamente ligado a nuestra identidad.

Más allá de la nostalgia de una canción que muchos hemos escuchado desde pequeños, encontramos en ella una expresión de disponibilidad: pertenecer a Cristo significa poner nuestra vida a Su disposición.

Pero esa disponibilidad no nace de la obligación: Nace del amor. Cuando comprendemos cuánto nos ha amado Jesús, nuestro corazón comienza a desear que otras personas también conozcan ese amor.

Por eso, la misión no puede sostenerse solamente con esfuerzo humano. Necesitamos permanecer cerca de Cristo, alimentarnos de Su Palabra, buscar Su presencia y permitir que el Espíritu Santo mantenga viva nuestra pasión.

Personas antes que actividades

En medio de tantas responsabilidades, nunca debemos olvidar que detrás de cada ministerio existe una persona.

Está el niño que necesita descubrir que Dios lo ama; el joven que busca dirección para su vida; la familia que atraviesa una crisis; quien llega por primera vez a uno de nuestros cuerpos; quien se ha alejado de Dios y necesita encontrar nuevamente el camino; quien necesita alimento, pero también necesita esperanza. Está quien necesita una ayuda concreta, pero también necesita descubrir que su vida tiene valor delante de Dios.

Las personas son el corazón de nuestra misión.

En cada uno de nuestros diez países dentro del Territorio Norte de Latinoamérica existen oportunidades. Es nuestro anhelo que podamos responder a la misión desde una vida que ha sido transformada por la presencia de Dios y proclamemos a viva voz: ¡Aquí estoy. Envíame a mí!

Porque la misión no comienza cuando hacemos algo. La misión comienza cuando nuestro corazón vuelve a pertenecer completamente a Jesús.

Con oración, cariño y esperanza,

Coroneles Evangelina y Leonardo Fernández
Ejército de Salvación – Territorio Norte de Latinoamérica

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