PACTO

Desde el Cuartel Territorial, Costa Rica, febrero de 2026.

Queridos Salvacionistas:

Al transitar este segundo mes del año deseamos compartir y reflexionar junto a ustedes sobre un asunto vital, ya que cuando hablamos de pacto, no hablamos de compromisos institucionales ni de lealtades organizacionales, hablamos de una relación viva con Jesucristo, porque el pacto no nace de la estructura sino que nace del corazón que responde al llamado del Señor.

El versículo de Lucas 22:20 durante la última cena, nos recuerda que Jesús tomó la copa y declaró: “Esta copa es el nuevo pacto confirmado con mi sangre, la cual es derramada como sacrificio por ustedes.”

El pacto que nos define es un pacto de gracia, de redención y de propósito, está sellado con la sangre de Cristo. No es un acuerdo basado en nuestra capacidad, sino en la obra consumada de Jesucristo; y por eso nosotros necesitamos redescubrir que el pacto no es una carga sino es una invitación, y cuando respondemos a la misma, se activa la bendición.

A veces, en medio de nuestras realidades nacionales, desafíos económicos, tensiones sociales, migración, incertidumbre económica o sobrecarga de tareas, podemos sentir que «nuestro Ejército» debe responder con más fuerza, con más estrategias, con más estructura, con más recursos económicos… y probablemente todo eso sea parte de nuestras expectativas y conversaciones, pero ¡atentos! la respuesta no es primero organizacional, ¡es espiritual!.

El pacto comienza cuando una persona escucha la voz de Jesús y responde: “Aquí estoy.” No porque tenga todas las respuestas, sino porque confía en Aquel que llama. Como el versículo de Jeremías 31:33 declara: “Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.”

El corazón del pacto es la pertenencia mutua: Él es nuestro Dios y nosotros somos Su pueblo. Entonces en la teoría y en la práctica no somos sostenidos por sistemas, sino por una relación viva con el Señor resucitado.

En la canción 163 de nuestro cancionero se expresa, en parte, la respuesta personal sobre la esencia del pacto.

Tal como soy, en mi sufrir, no hay otro a quién yo pueda ir, y tú me invitas a venir; bendito Cristo, acudo a ti.

Tal como soy, sin demorar, del mal queriéndome librar, me puedes sólo tú salvar; bendito Cristo, acudo a ti.

Tal como estoy, en aflicción, expuesto a muerte y perdición, buscando vida y perdón; bendito Cristo, acudo a ti.

Tal como soy, tu inmenso amor me vence, y yo con gran fervor servirte quiero, mi Señor; bendito Cristo, acudo a ti.

Estas cuatro estrofas nos recuerdan que somos definidos por la respuesta que damos a la invitación de renovar nuestro pacto, porque «nuestro Ejército» no necesita solamente Nombramientos activos, necesita Salvacionistas profundamente unidos a Jesús. Hombres y mujeres que comprendan que el pacto con Cristo implica caminar en Santidad, depender de Su Espíritu y confiar en Su poder transformador. Nuevamente ¡atentos! no presentamos méritos; ¡presentamos disponibilidad!.

Desafío personal

En los próximos días, lean personalmente Lucas 22:14–20 y oren en silencio delante del Señor y pregúntense “Jesús, ¿cómo deseas que responda hoy a Tu pacto conmigo?” No piense primero en programas, responsabilidades, presiones o las finanzas; piense primero en relación y cómo renovar el compromiso personal con Cristo. ¡Ah! y confía en que Él te capacitará y suplirá abundantemente al cumplir fielmente con el pacto.

A Él sea toda la gloria, hoy y siempre!

Con afecto pastoral,

Coroneles Evangelina y Leonardo Fernández
Ejército de Salvación – Territorio Norte de Latinoamérica

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