Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo? Juan 4:29
¿Cómo te sientes al saber que el Señor conoce todo lo que has hecho?
Por un lado, hace que la confesión nos produzca menos temor. Por otro, es increíblemente humillante. Quizás sentimos que hay cierta seguridad entre las sombras.
En San Juan capítulo 4, Jesús conversó con una mujer que estaba abrumada por la vergüenza. A medida que Jesús revelaba su conocimiento divino e íntimo de sus circunstancias pasadas y presentes, ella comprendió poco a poco que él la estaba aceptando con amor y fe. Antes de que regresaran los discípulos, Jesús le explicó que él era Aquel a quien la gente había estado buscando. Esta noticia la llenó de entusiasmo: dejó su cántaro, corrió de vuelta a su aldea y ¡les dijo a todos que vinieran a conocer al Mesías!
Antes confinada a una vida marginal, un encuentro transformador con Jesús significó que ya no se sintiera avergonzada.
Imaginamos que la historia estaba lejos de terminar para la mujer, pero, en las Escrituras, la narración se detiene aquí. Nos quedan varias preguntas, como, por ejemplo: ¿llegaron los aldeanos a hablar con Jesús? y ¿cómo cambió la aldea gracias al encuentro de esta mujer?
La vergüenza es una fuerza poderosa y debilitante. Puede impedir que las personas busquen ayuda y que sean quienes Dios, creador de ellas, quiere que sean.
Millones de personas en todo el mundo han aprendido a controlar sus adicciones a través de grupos de recuperación como Alcohólicos Anónimos o Narcóticos Anónimos. Para las personas que antes estaban atadas por la vergüenza, estos grupos ofrecen espacios donde pueden ser abiertas y honestas, sin temor a sentirse vulnerables, y compartir sus historias sin miedo al juicio.
¿No es esto lo que debería ser la iglesia?
Jesús quiere tener una relación con cada uno de nosotros. Quiere que le mostremos nuestro yo auténtico. Acercarnos a Jesús nos libera y, al igual que la mujer samaritana, nos impulsa a compartir esta bondad con quienes nos rodean.
Jesús no rechazó las experiencias de la mujer samaritana ni la avergonzó. Reconoció su pasado con gracia y compartió la verdad acerca de quién era él. ¿Podrían ustedes y su iglesia ser ese lugar de amor y aceptación sin vergüenza, en su comunidad?
ORACIÓN
Señor, estoy tan asombrado de que estés en mi vida y de que me conozcas completamente. Gracias por tu amor que cubre toda vergüenza. Ayúdame a compartir este amor y a comunicar mi pasión por ti con todos los que me encuentre.
Tomado del libro: Viviendo la Justicia. Una serie de devocionales diarios y desafíos para vivir la justicia. Escrito por mujeres del Ejército de Salvación de todo el mundo. Para obtener más información, visite: sar.my/wm