Desde el Cuartel Territorial, Costa Rica, junio de 2026.
Queridos Salvacionistas del Territorio Norte de Latinoamérica,
Reciban nuestro cariño pastoral y nuestro profundo agradecimiento por el privilegio de caminar junto a ustedes en esta misión que Dios nos ha confiado.
Durante este mes queremos detenernos a reflexionar sobre una palabra que todos conocemos, pero que nunca terminaremos de aprender: SERVICIO.
Vivimos en una cultura que constantemente nos invita a destacar, a ser reconocidos, a ocupar los primeros lugares y a buscar influencia. El mundo suele medir el éxito por la cantidad de personas que sirven nuestros intereses.
Sin embargo, el Reino de Dios funciona de manera completamente diferente. Jesús cambió para siempre la definición de grandeza. El evangelista Juan relata un detalle extraordinario antes del lavamiento de los pies.
«Jesús sabía que el Padre le había dado autoridad sobre todas las cosas y que había venido de Dios y regresaría a Dios. Así que se levantó de la mesa…» Juan 13:3-4
Podríamos pensar que alguien con semejante autoridad esperaría ser atendido. Inclusive hasta podríamos sentirnos así en determinados momentos de nuestra vida, pero en esta historia ocurrió exactamente lo contrario. Porque quien tenía toda la autoridad tomó una toalla, quien era Señor se arrodilló, quien podía exigir servicio decidió servir; y ese prcisamente es el Reino de Dios.
La verdadera autoridad nunca necesita demostrar poder; demuestra amor. Y quizás allí encontramos uno de los desafíos más grandes para nosotros como Salvacionistas. Después de años de servicio podemos acostumbrarnos a las responsabilidades, a los programas, a las reuniones y a la rutina ministerial. Sin darnos cuenta, podemos comenzar a proteger nuestro lugar en vez de buscar oportunidades para servir con la misma sencillez del primer día.
Hoy Jesús nos recuerda que nunca dejamos de ser discípulos, porque el servicio no disminuye nuestra dignidad, sino que la revela en su máxima capacidad.
Cada vez que visitamos a alguien, escuchamos a una persona que sufre, enseñamos a un niño, limpiamos nuestra Iglesia, organizamos una actividad o extendemos la mano a quien lo necesita, estamos hablando el idioma del Reino.
Como Territorio tenemos el privilegio de estar presentes en diez países, cada uno con realidades diferentes. Algunos sirven en grandes ciudades; otros, en pequeñas comunidades. Algunos cuentan con muchos recursos; otros hacen milagros con muy poco. Sin embargo, hay algo que todos compartimos: El mismo Señor y el mismo llamado. Todos tenemos el mismo privilegio de servir en Su nombre.
Quizás nunca sepamos el impacto que tuvo una conversación, una visita, una oración o una palabra de ánimo; será la eternidad como regalo de la gracia de Dios quién revelará aquello que hoy pasa desapercibido. Porque cuando Cristo gobierna el corazón, el servicio deja de ser una obligación y se convierte en una forma de vivir.
Desafío pastoral
Durante este mes, busquen una oportunidad para servir a alguien sin esperar reconocimiento, agradecimiento ni recompensa. Háganlo únicamente por amor a Cristo. Descubrirán que las manos que sirven también son las manos que Dios utiliza para bendecir.
Con cariño pastoral,
Coroneles Evangelina y Leonardo Fernández