LEGADO

Desde el Cuartel Territorial, Costa Rica, julio de 2026.

Querida familia Salvacionista,

Les saludamos con profundo cariño en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Mientras escribimos estas líneas, pensamos en cada uno de ustedes: quienes sirven con alegría, quienes atraviesan momentos de incertidumbre y quienes, aun en medio de las pruebas, siguen levantando la bandera de la salvación.

Durante los últimos días, nuestros corazones han estado especialmente cerca de nuestros hermanos y hermanas en Venezuela. Los movimientos sísmicos que han afectado Caracas y La Guaira nos recuerdan una realidad que, con frecuencia, olvidamos: aquello que parece firme puede cambiar en cuestión de segundos.

Coincidirán con nosotros que cuando la tierra tiembla, nuestras prioridades también lo hacen. Así, los edificios pueden agrietarse y los planes pueden detenerse. Las rutinas pueden cambiar y lo que creamos importante ahora no lo es.

Pero hay algo que ningún terremoto puede derribar: una vida edificada sobre Cristo. Por eso queremos invitarlos a reflexionar sobre el tema de este mes: LEGADO.

Con frecuencia pensamos que un legado son los edificios que construimos, los proyectos que iniciamos o los cargos que ocupamos. Sin embargo, Jesús nunca habló de dejar monumentos. Habló de hacer discípulos y de amar. Habló de permanecer y de llevar el Evangelio a todos.

Quizás el legado más importante que dejaremos no llevará nuestro nombre. Llevará el nombre de Cristo reflejado en la vida de alguien más. El apóstol Pablo escribió:

«Y ustedes deben seguir mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo.» 1 Corintios 11:1

Qué extraordinaria declaración. Pablo no estaba invitando a admirarlo a él, sino invitando a mirar a Cristo a través de su vida por él sabía que justamente ese es el verdadero legado.

Tal vez nunca escribamos un libro o plantemos un árbol… quizás nunca dirijamos un gran congreso… o tal vez nadie recuerde nuestros nombres dentro de algunos años. Pero si una persona conoció mejor a Jesús porque caminó a nuestro lado, entonces nuestra vida habrá dejado una huella eterna.

En cada rincón de nuestro Territorio hay hombres y mujeres que, muchas veces sin ser vistos, están sembrando un legado todos los días:

  • Una maestra de Escuela Dominical que ora por sus niños.
  • Un soldado que visita con fidelidad a un adulto mayor.
  • Un oficial que escucha con paciencia a una familia en crisis.
  • Un joven que decide vivir en santidad cuando todos toman otro camino.

Esas historias y muchas otras que quizá nunca aparezcan en una foto o un reporte pero están siendo escritas en el corazón de las personas.Y allí permanecerán.

«No acumulen tesoros aquí en la tierra, donde la polilla se los come y el óxido los destruye… Almacenen sus tesoros en el cielo.» Mateo 6:19-20

Recordemos que el cielo mide el legado de manera diferente, y cuando estemos cara a cara con nuestro Salvador quizás se nos preguntará cuántas personas nos conocieron a nosotros y a cuantas de ellas acercamos a Cristo.

Porque nuestro legado no descansa en aquello que las manos humanas pueden conservar, sino en aquello que el Espíritu Santo hace en el corazón de las personas que dios pone en nuestro camino.

Desafío pastoral

Durante este mes, pregúntense: ¿qué legado espiritual estoy dejando en quienes caminan a mi lado? te animanos, busca intencionalmente a una persona: un niño, un joven, un nuevo creyente, un vecino o un compañero de ministerio, e invierte tiempo en animarla, discipularla y acercarla más a Cristo. Los edificios pueden temblar y las circunstancias cambiar, pero una vida transformada por el evangelio es un legado que permanece para siempre.

Con nuestro cariño, gratitud y oración constante,

Coroneles Evangelina y Leonardo Fernández

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