Queridos Oficiales,
En este tiempo cercano a la Navidad, deseamos invitarles a detenernos y contemplar una palabra sencilla, pero profundamente transformadora: regalo.
En medio de tantas actividades durante esta temporada, responsabilidades pastorales y expectativas constantes desde muchos lugares ministeriales, familiares y personales, el Espíritu Santo nos vuelve al corazón del evangelio para recordarnos que todo lo que somos y hacemos nace del don inmerecido de Dios. La Navidad nos anuncia el mayor regalo jamás dado a la humanidad.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” Juan 3:16.
El niño Jesús llegó como expresión del amor del Padre Celestial hacia un mundo necesitado. En el pesebre encontramos la gracia envuelta en humildad, el cielo acercándose a la tierra; es Dios mismo dándose sin condiciones.
Hoy, en esta carta, querido Oficial, quisiéramos que consideres que desde esa misma gracia nace también el llamado al oficialato. Ninguno de nosotros es igual a Jesús. No amamos con Su plenitud, no servimos con Su pureza, no perseveramos con Su fidelidad perfecta; y aun así, el Señor nos llamó.
El apóstol Pablo lo expresa con profunda verdad cuando dice: “Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” 2 Corintios 4:7. El ministerio en el oficialato no es un mérito alcanzado, es un regalo confiado a manos frágiles para que sea Dios quien transforme vidas a través de nosotros. Y como tantas veces hemos predicado: en la obediencia hay bendición.
El llamado al ministerio, como el regalo de la Navidad, no se gana: se recibe. Y al recibirlo, somos transformados. Jesús no esperó que Pedro fuera perfecto para decirle: “Apacienta mis ovejas” Juan 21:17. Primero lo restauró con amor, luego lo envió con propósito. Así también nosotros somos llamados en medio de nuestros procesos, cansancios y preguntas, sostenidos por una gracia que no se agota. “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” 2 Corintios 12:9. Qué consuelo y descanso hay en esta promesa para quienes caminamos día a día con el peso y el privilegio del ministerio.
Como Oficiales somos testigos vivos de la Navidad prolongada en el tiempo: Cristo dándose una y otra vez a través de vasos imperfectos para bendecir a Su pueblo. Así que, en esta Navidad recordemos que antes de servir, fuimos amados; antes de ser enviados, fuimos alcanzados; y antes de ser llamados, recibimos el regalo de Jesús.
Que esta verdad nos guarde del orgullo, nos sane del cansancio, nos renueve en la esperanza y nos haga obedientes. Que el llamado que no merecemos siga transformándonos para reflejar Su amor en cada palabra, en cada visita y en cada gesto.
¡Feliz Navidad!. Que el nacimiento de nuestro Salvador sea el mayor Regalo, y Jesucristo, sea nuevamente el centro de tu fe, tu ministerio y tu esperanza.
Con amor fraternal,
Coroneles Evangelina y Leonardo Fernández
Ejército de Salvación – Territorio Norte de Latinoamérica
Feliz Navidad para ustedes también, que el Señor les llene cada día de su amor y fortaleza, para continuar cada día en el Lederazgo que les ha entregado en sus manos.. Bendiciones
Que el Espíritu Santo, nos ayude a compartir, el regalo precioso que nos ha sido dado y encomendado para compartir desde el corazón.
Dios continue bendiciendo sus vida coroneles