«Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece» Mateo 5:3
Este versículo, tomado de las conocidas Bienaventuranzas del Sermón del Monte de Jesús, diagnostica que la humanidad sufre de pobreza espiritual.
Las palabras pueden resultar chocantes, ya que, para muchos de nosotros, ser pobres significa carecer de recursos económicos y ser físicamente vulnerables. Este versículo no se refiere a nuestra riqueza material, sino a nuestra salud espiritual.
Apunta a una realidad compartida: necesitamos profundamente a Jesús. Dependemos completamente de su guía y su gracia en todos los aspectos de nuestras vidas. Identificar esta pobreza espiritual dentro de nosotros mismos y, en respuesta, buscar las riquezas infinitas de Jesús, es una posición bendita porque él está dispuesto a ofrecernos fuerza y dirección.
La verdad es que, sin su presencia, nuestros esfuerzos bien intencionados se quedan cortos. Pero aquellos que se apoyan en el poder de Jesús están equipados más allá de sus propias capacidades para marcar una diferencia significativa en la vida de los demás. Su empoderamiento no solo eleva nuestras capacidades, sino que renueva nuestros corazones, fortalece nuestra fe y nos permite hablar con la convicción del Espíritu Santo.
Cuando confesamos nuestra pobreza espiritual, nos posicionamos para recibir la plenitud del Reino de Dios como dice 2 Corintios 12:9 “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”
La prisa es el gran enemigo de la vida espiritual en nuestros días, escribe Dallas Willard, filósofo estadounidense. Hoy, tómate un descanso de tus actividades. Reconoce en tu interior el deseo de hacer cosas y evalúa su importancia. Si puedes, deja a un lado tus tareas pendientes y descansa durante varios minutos seguidos.
Reflexiona sobre si has estado buscando la productividad por encima de la presencia. No tengas prisa. Reconoce tu profunda necesidad de Dios. Disfruta del tiempo que pasas con él.
Oración:
Gracias, Señor, por la oportunidad de reflexionar y descansar. Por favor, ayúdame a dedicar tiempo a estar en tu presencia, confiando en tu guía mientras busco marcar la diferencia allí donde estoy.
Enséñame a aceptar mi pobreza espiritual para que pueda recibir las riquezas de tu gracia. Que mis palabras y acciones sean un reflejo de tu amor, y mi vida un testimonio de tu poder obrando en mí. Amén.
Dios te bendiga,
Coronela Evangelina Costen de Fernandez
Tomado del libro: Viviendo la Justicia. Una serie de devocionales diarios y desafíos para vivir la justicia. Escrito por mujeres del Ejército de Salvación de todo el mundo. Para obtener más información, visite: sar.my/wm