Campamento de los Ministerios Femeninos – División de Colombia
Del 14 al 17 de noviembre, tuve el privilegio de viajar a Colombia para participar en el Campamento de los Ministerios Femeninos, un encuentro especial donde el Espíritu Santo abrió caminos, renovó vidas y fortaleció corazones.
Desde el momento de mi llegada a la Ciudad de Medellín, pude experimentar la fuerza de las mujeres colombianas… valerosas, esforzadas, buscadoras incansables de Dios, mujeres que han aprendido a levantarse, a orar en medio de la tormenta y a confiar en las promesas de Aquel que nunca falla.
Luego en la Ciudad de Pereira, durante la celebración del Campamento… cada conversación, cada oración compartida, cada testimonio derramado con lágrimas, reafirmé que las mujeres de esta División de Colombia son verdaderas columnas en sus hogares, en sus iglesias y en la misión del Ejército de Salvación. Llevan sobre sus hombros historias de lucha, pero también una fe viva que contagia esperanza y transforma. Colombia está bendecida con mujeres que creen, que sirven y que avanzan confiando en la obra del Señor.
El campamento fue un espacio en donde Dios nos tomó con delicadeza y profundidad, guiándonos a reflexionar sobre lo que Él puede hacer cuando una vida se rinde completamente en las manos del Maestro. Las enseñanzas fueron presentadas a través de tres imágenes transformadoras que tocaron cada corazón:
- En el torno del Alfarero – Aquí meditamos en el Dios que nos forma. Como el barro frágil y moldeable, reconocimos nuestras grietas, nuestras áreas difíciles, nuestras luchas internas. Y sin embargo, en manos del Alfarero, entendimos que nada está perdido.
- Barro en manos del Alfarero – Al profundizar en esta imagen, recordamos que el barro no decide su forma: es el Alfarero quien determina la pieza final. Muchas mujeres testificaron cómo Dios ha tomado sus vidas en los momentos más difíciles y ha creado belleza donde antes había confusión.
- En la mesa del Carpintero – El Carpintero conoce la madera, su textura, sus nudos, su dureza y su potencial. Así como Jesús trabajó con madera en su oficio terrenal, meditamos en cómo Él trabaja con nosotras: paciente, constante, preciso.
- Madera en manos del Carpintero – Aquí reconocimos que la madera, aún con sus imperfecciones, puede convertirse en algo fuerte, firme y duradero. Muchas hermanas compartieron cómo Dios ha tomado sus heridas del pasado y las ha convertido en testimonios que hoy sostienen a otras mujeres.
- En el lienzo del Pintor – Finalmente, contemplamos la obra del Maestro Artista. Somos el lienzo donde Dios pinta con colores de gracia, misericordia y propósito. Él da luz donde había sombra, orden donde había caos.
- Pintura en manos del Pintor – Cada pincelada del Maestro representa un acto de amor. Algunas mujeres testificaron que el Señor les devolvió la esperanza, otras que encontraron dirección, y muchas más sintieron el abrazo tierno del Espíritu Santo. En Su presencia, comprendimos que Dios continúa pintando nuestra historia, y que lo mejor aún está por venir.
Agradecimiento y desafío pastoral
Quiero expresar mi profundo agradecimiento a todas las Líderes, Oficiales y hermanas de la División de Colombia que hicieron posible este campamento. Especialmente a la Mayora Ángela Pertuz y a la Capitana Diana Triviño. Su dedicación, entrega y calidez reflejan el corazón de Cristo. Gracias por su hospitalidad, su fe contagiosa y por la hermosa labor que desarrollan en los Ministerios Femeninos.
A cada mujer que participó, mi oración es que sigan creciendo en la gracia, caminando con valentía y permitiendo que Dios continúe moldeándolas, puliéndolas y pintándolas según Su voluntad perfecta.
Y como desafío pastoral, las animo a seguir invitando a más mujeres a unirse a la Liga del Hogar, un ministerio vital donde muchas encuentran identidad, apoyo, discipulado y propósito. Que esta Rama siga expandiéndose y alcanzando a nuevas generaciones con el amor transformador de Cristo.
En las manos del Maestro, la vida se convierte en una obra de arte divina.
Dios les bendiga,
Coronela Evangelina Costen de Fernández