Tu historia importa

A veces pensamos que compartir nuestro testimonio es algo reservado para momentos especiales, como una campaña evangelística, un retiro espiritual o una experiencia extraordinaria. Pero la verdad es que cada día Dios hace algo en nuestras vidas que vale la pena contar.

En este mes, mientras reflexionamos sobre el tema de la inclusión, es importante recordar que contar lo que Dios ha hecho en nosotros abre un espacio para que otros crean que también pueden ser parte de Su historia. Cuando compartimos nuestro testimonio, estamos diciendo: “Dios tiene lugar para todos. Aquí, nadie queda afuera.”

Incluye a otros en la historia de Dios

Vivimos rodeados de personas que necesitan escuchar que Dios no es solo un relato antiguo, sino un Dios vivo que obra en nuestro tiempo, en nuestras familias, en nuestras luchas y en nuestras victorias. Y aunque a veces sentimos que nuestra historia “no es tan extraordinaria”, el testimonio más poderoso es el que muestra la transformación del corazón. Eso ya es un milagro.

Quizás Dios restauró tu matrimonio, sanó una herida emocional, te sostuvo en medio del duelo, te dio propósito donde había vacío, o te perdonó un pasado que pesaba demasiado. Eso es testimonio. Eso es Evangelio vivo. Y cuando lo cuentas, estás incluyendo a otros en la posibilidad de un nuevo comienzo. Como dice el Salmo 9: “Contaré todas tus maravillas.”

Edifica, sana y despierta fe en los que se sienten lejos

El testimonio tiene la capacidad de edificar y sanar. Una persona puede llegar a la iglesia pensando: “Nadie sabe lo que estoy pasando.” Pero al escuchar una historia similar, su corazón se abre, encuentra consuelo y descubre que no está solo. Eso es inclusión espiritual: abrir la puerta del corazón para que otros encuentren refugio y esperanza.

Además, compartir lo que Dios ha hecho fortalece tu propia fe. A veces no valoramos los milagros diarios hasta que los decimos en voz alta. El Salmo 103:2 nos recuerda: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.”

Testificar es un acto de memoria espiritual. Es mirar atrás y decir: “Dios me sostuvo, Dios me levantó, Dios me transformó.” No necesitas hablar perfecto, ni tener una historia espectacular. Solo necesitas un corazón sincero para decir: “Esto fue lo que Dios hizo en mí.”

Es mi entendimiento que nuestro testimonio, nuestra historia de vida, nuestra experiencia con Dios “es” exactamente lo que alguien necesita escuchar para volver a creer. Mi historia con Dios tiene poder, la tuya también; y cuando la compartes, haces espacio para que otros descubran que todavía hay un lugar para ellos en el corazón de Dios.

Un abrazo de Bendición,

Coronel Leonardo Fernández

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