SALVACIÓN

Desde el Cuartel Territorial, Costa Rica, Abril de 2026.

Apreciados Camaradas,

Reciban nuestro saludo pastoral en este mes de abril, con un llamado claro, necesario y profundamente espiritual para nuestro tiempo. Hoy queremos volver, junto a ustedes, a una palabra que no puede perder su fuerza ni su centralidad en nuestra vida: SALVACIÓN.

Vivimos en tiempos donde esta palabra puede perder peso o volverse común, pero para los Salvacionistas sigue siendo el corazón del evangelio. La salvación no es una idea, no es un concepto religioso ni una tradición heredada en nuestro nombre, y por eso es necesario afirmar con claridad: la salvación no está en lo que hacemos, ni en quiénes somos, sino en Jesús.

«En ningún otro hay salvación. Dios no ha dado ningún otro nombre bajo el cielo, mediante el cual podamos ser salvos.» Hechos 4:12

Jesús es la salvación del mundo. Pero también, y esto es profundamente personal, Jesús es nuestra salvación. No es solo una verdad que proclamamos; es una realidad que vivimos cada día, y esta verdad gloriosa también nos llama a una responsabilidad espiritual que no podemos ignorar.

Como parte de nuestra doctrina afirmamos con seriedad la realidad de la retrogradación. Es decir, la posibilidad de que una persona que ha experimentado la gracia salvadora de Dios, si se descuida espiritualmente, si se enfría y se aparta, pueda perder lo que una vez abrazó con fe. La Escritura nos advierte con amor, pero también con claridad: «Manténganse alertas y cuídense de no ser arrastrados por los errores de los perversos y perder así su firmeza.» 2 Pedro 3:17

La salvación es un regalo de gracia, pero no es algo que debamos tratar con liviandad. No es un evento aislado del pasado, sino una relación viva que debe ser cuidada, cultivada y sostenida en comunión con Dios. No vivimos en temor, pero sí en reverencia, porque no caminamos en inseguridad, pero sí en vigilancia espiritual.

Permítannos compartir una experiencia cotidiana. Muchas veces, cuando las personas nos ven con el uniforme, hacen una pregunta (a veces en tono curioso, otras con cierta ironía): ¿Ejército de Salvación? ¿Y a quiénes salvan ustedes?” La respuesta es sencilla, pero profundamente verdadera: Nosotros no salvamos. Jesús salva.

Jesús vino a salvar a la humanidad, a rescatar al perdido, a restaurar al quebrantado y a reconciliar al ser humano con Dios. Él es la salvación del mundo… pero también es, de manera personal y directa, tu salvación.

Esta afirmación nos confronta: porque si Jesús salva, entonces nuestra vida debe reflejar esa salvación; y no solo en el momento en que la recibimos, sino en la manera en que perseveramos en ella, porque «cuando alguien pertenece a Cristo, se convierte en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!» 2 Corintios 5:17

Así es que la salvación transforma, pero también nos llama a permanecer, ya que no basta con haber comenzado bien; somos llamados a terminar fielmente. A no descuidar nuestra vida espiritual, a no permitir que el pecado, la rutina o la indiferencia enfríen nuestro corazón. «Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes.» Juan 15:4. Entonces encontramos el equilibrio del evangelio: la salvación es por gracia, pero la permanencia es una decisión diaria. Es elegir seguir a Cristo, obedecerle, buscarle y vivir en santidad.

Desafío pastoral

Durante este mes, toma un tiempo para examinar tu caminar con Dios. Pregúntate con sinceridad: ¿estas permaneciendo en Cristo o estas descuidando tu vida espiritual? Volvamos a las disciplinas básicas: la oración, la lectura de la Palabra y la comunión con los santos. Y hoy toma una decisión concreta para fortalecer tu relación con el Señor.

Con oración constante por ustedes,

Coroneles Evangelina y Leonardo Fernández

2 thoughts on “SALVACIÓN

  1. Excelente reflexión. Hay momentos en los que debemos reflexionar y mirar cuáles son los ruidos o factores internos o externos que nos alejan de la comunión con Dios y nos hacen descuidar nuestras vidas espirituales.
    Bendecido mes. Gracias

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