Día del Trabajador

Se cuenta la historia de un pequeño taller de carpintería, entre el sonido constante del martillo y el aroma de la madera recién cortada. Allí trabajaba José.

El era un carpintero conocido: no por su fama, sino por su excelencia. Durante años, construyó, reparó y ejecutó proyectos para otros. Cada trabajo llevaba su sello: dedicación, detalle y un compromiso silencioso con hacer las cosas bien.

No importaba si era una gran casa o una pequeña reparación. José trabajaba con el mismo cuidado, como si cada trabajo tuviera un valor eterno. Con el paso del tiempo, llegó el momento de su retiro, entonces su jefe, agradecido por tantos años de servicio, le pidió un último proyecto: construir una casa más.

José aceptó, pero algo había cambiado. Pensando en el descanso que pronto llegaría, decidió no esforzarse como antes. Usó materiales más económicos, omitió detalles y terminó el trabajo con prisa. Nadie parecía notarlo… o eso creía él.

Al finalizar, su jefe le entregó las llaves de la casa y le dijo: “Este es mi regalo para ti. Gracias por toda una vida de trabajo.” En ese instante, José entendió una gran verdad: había estado construyendo, sin saberlo, el lugar donde él mismo viviría.

Hay historias parecidas dentro del Ejército de Salvación, en cierta ocasión, en un consejo de negocios se estaba decidiendo comprar un vehículo… alguien entonces opinó compremos el más económico las prestaciones no serán tan importantes, lo que no sabía es que ese vehículo lo terminaría usando él.

La reflexión sobre estas simples ilustraciones es que cada día de trabajo es una oportunidad. No solo de cumplir y de tomar el camino más cómodo o simplista, sino de construir pensando en cómo nos gustaría a nosotros que fuese. 

A veces podemos sentir, creer o pensar que lo que hacemos pasa desapercibido. Que el esfuerzo extra no siempre es reconocido. Pero la realidad es que todo lo que hacemos deja una huella, primero en nosotros mismos y luego en los demás. Nuestro trabajo habla, incluso cuando nadie más lo hace.

La Biblia nos recuerda en Colosenses 3:23,

“Y todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.”

Este principio espiritual transforma nuestra manera de trabajar. Nos invita a dar lo mejor, no por presión externa, sino por convicción interna. Nos llama a la excelencia, a la integridad y a trabajar con propósito, incluso en lo cotidiano.

Así que para este Día del Trabajador celebramos lo que cada uno de nosotros hace, porque cada correo, cada reunión, cada tarea, cada proceso y cada decisión es parte de una construcción mayor: la de nuestro legado profesional, personal y para nosotros los Oficiales ministerial.

Trabajemos con intención. Demos lo mejor, incluso cuando nadie esté mirando. Construyamos con excelencia… porque, al final, al igual que José, también estamos construyendo el lugar donde viviremos mañana.

Un abrazo de bendición,

Coronel Leonardo Fernández

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